01 · La Recta de Figueroa Alcorta
Undergroun BA | 0001
Voy a empezar por la mitad de la historia. Esta foto la saqué un minuto antes de encontrarme con ella. La vi en la esquina con ese gesto sagrado con las manos. Quise congelar en mi memoria su silueta moviéndose en el medio de la calle.
Fue la primera vez que vi a Némesis. Mantuve algo de distancia al principio porque no quería interrumpir ese ritual poderoso de juntar los brazos de cara al sol, a modo de agradecimiento.
Esa tarde de abril la calle estaba cortada al tránsito por un show de música electrónica. DJ Guillerme se presentaba esa tarde en Plaza de Mayo. Un evento multitudinario.
¿Qué es lo que quiero encontrar
detrás de cada foto que saco?
Me lo pregunto a diario
y suelo detenerme en las sombras,
en los brillos, en ese blanco y negro
que retorna cada vez con más fuerza
a mi memoria ajetreada por la sutileza
del silencio que a veces me colma.
Temo estar todo el tiempo midiendo
la efectividad de la expresión que
no termina de decirlo todo y se queda
en ese primer momento captado repentinamente.
La realidad ya me llega mediada
entre mis ojos y la cámara
hay un enjambre de filtros artificiales
que le quitan a la percepción su forma pura.
La foto se construye.
No soy fotógrafo tampoco escritor.
No soy artista, y mucho menos capaz de hacer una obra
sea que postergo o que termino siempre juzgando lo que hago.
Llevo 35 años postergando.
Llegando a la mitad de mi vida
he construido alguna que otra selva terrible
y caminé senderos impractibles
bajo la constante sospecha de que había que decir algo.
Agobiado por carecer del lenguaje suficiente
comopara poder llevar a un registro aquello que había experimentado
en tantos sueños que había tenido
postergué tanto, Crónicas oníricas, que los canales sagrados
terminaron por quedar en un principio solapados
por la rutina diaria de sostener la propia existencia.
Y en medio de tanto silencio externo, ante la imposibilidad de escribir, siquiera, un verso, por temor a volverse loco, apareció el sentido de ese ejercicio interior que estaba llevando adelante desde un tiempo.
Me pidió que publicara sus fotos.
Recibí un whatsapp bastante excéntrico en el que me decía que necesitaba ayuda para publicar su obra.
Esto fue en septiembre de 2023, mientras paraba en Casa Malala, un hostel que había por calle Santa Fe. Eran como las cinco de la tarde, cuando lo vi por primera vez. Llevaba un sombrero de otra época, un piloto azul oscuro y un portafolio bastante descuidado.
Se sentó en la mesita conmigo.
Sin decir nada sacó un manuscrito que tenía dentrto de un sobre de cuero.
"Esto es para vos", me dijo. Me quedé observando un minuto la secuencia. Un desconocido, bastante excéntrico, me daba un manuscrito.
Necesito que lo publiques, cuando llegue el momento. Cuando sea el momento apropiado.
--Y cuándo decís que será el momento apropiado.
--Cuando el poder de la simualción y de la inteligencia artificial esté próximo a cruzar el umbral de la singularidad tecnológica. Cuando no sea predecible la continuidad de la especie humana.
Fue en esa misma noche que me llevó de paseo a Italia. Viajamos a Tokio, pasamos tambiíen por Australia.
Pero nunca lo pensé como un maestro, ni como un guía. Todas las veces que nos reunimos desde aquella vez, me insistió que era sencillamente un facilitador.
Me lo contó todo. Relató de modo perfecto cada verso de Crónicas oníricas.